El rafting
El rafting consiste en el descenso de ríos en la dirección de la corriente en balsas inflables, aunque también se pueden usar otro tipo de embarcaciones como canoas o kayak. Los ríos por los que se desciende suelen ser ríos de montaña y de gran caudal y se los llama ríos de aguas blancas o rápidos.
Es un deporte de equipo en el que el único requisito es saber nadar ya que no se necesita experiencia previa para poder practicarlo. Todos los tripulantes de la balsa reman y orientan su peso de forma coordinada para recorrer los ríos y mantenerse a flote. La cantidad de personas por balsa varía según su tamaño, pero lo normal es de entre seis y ocho tripulantes.
Por lo general una salida de rafting involucra más de una balsa y se suele designar un jefe, que coordina a todo el equipo. El guía debe conocer bien cada parte del río y saber primeros auxilios. Según la cantidad de personas varía el lugar en el que se sitúa, pero generalmente se ubica en el centro de la balsa y la orienta por medio de dos remos largos.
Si es la primera vez que se practica lo más conveniente es ir en el centro del bote ya que hay menos movimiento. Adelante pueden ir aquellos que ya lo hayan hecho antes y atrás se colocan los más experimentados.
Se practica en ríos de montaña con un desnivel suficiente para que al superar obstáculos formen los llamados rápidos o aguas blancas. Los ríos de los Parque Nacionales son ideales para
practicar rafting ya que recorren grandes distancias y no pueden ser navegados por barcos a motor.
Los ríos para el rafting se clasifican de la siguiente manera:
Aguas planas: En ellos la superficie del agua es plana
Clase I: Aguas casi planas y muy poco turbulentas, ideales para navegar.
Clase II: Aguas poco turbulentas, de fácil navegación y sin peligro para nadadores
Clase III: Son ríos de nivel intermedio. A partir de este nivel se puede practicar el rafting. Las aguas son turbulentas y las olas medianas de no más de 1 metro. La navegación requiere una
buena técnica y merecen mucho cuidado para nadadores y embarcaciones.
Clase IV: Son aguas muy turbulentas pero predecibles. Los huecos y las olas alcanzan hasta dos metros y los remolinos son considerables para una embarcación y pueden existir algunas
cascadas. Existen pasos estrechos que requieren maniobras técnicas complicadas. Son ríos difíciles.
Clase V: Estas son aguas poco predecibles con olas y huecos de más de dos metros. Los remolinos y las cascadas son de peligro. Son solo para expertos y exigen conocimiento del río.
Clase VI: Se los considera imposibles o extremadamente difíciles de navegar.